Amillia Taylor, que tan sólo había pasado 21 semanas dentro del útero materno (unos cinco meses), “superó todas las complicaciones” en el hospital, dijo a Efe Georgina González, portavoz del Hospital Infantil Baptist de Miami (EU).

“Es la primera vez en la vida que pasa esto y los doctores tuvieron que aprender a dar el tratamiento adecuado a un bebé tan pequeño” , señaló González, quien indicó que la niña nació en octubre de 2006, cuando se suponía que debía hacerlo el 6 de marzo de 2007.
Sonja Taylor, de 37 años y madre de la bebé, tuvo que ser sometida a cesárea el 24 de octubre y, pese a que los especialistas que asistieron al alumbramiento tenían pocas esperanzas de que la bebé sobreviviera, la pequeña “pudo superar todos los obstáculos” , señaló González.
La niña, que contaba con 17 semanas de edad, pesaba cuando nació apenas 283 gramos y medía 24 centímetros, más o menos la longitud de un bolígrafo.
Casi cuatro meses después de su nacimiento, la pequeña peso 2 kilogramos y superaba satisfactoriamente problemas respiratorios y digestivos, así como algún tipo de hemorragia cerebral.
Los especialistas se mostraron optimistas y manifestaron que la niña es un bebé saludable.
“Estoy todavía asombrada” , expresó Sonja Taylor en un comunicado, al tiempo que apuntó que “ahora (su hija) está empezando a parecer una bebé de verdad” . “Aun cuando sólo pesa 2 kilogramos, ella me parece gordita” , destacó feliz la madre.
La supervivencia de la pequeña es considerada por los médicos del hospital como un “milagro” y, según el registro de los bebés más pequeños elaborado por la Universidad de Iowa, la niña batió el récord del mundo en esta categoría.
Hasta ahora no se había documentado ningún caso de un bebé que haya sobrevivido tras un período de gestación menor a las 23 semanas.
“Ella es de verdad un bebé milagroso”, destacó William Smalling, especialista de la unidad de neonatos del Hospital Baptist, quien explicó que el equipo médico que atendió a la pequeña “ni siquiera sabía cuál era la presión arterial normal de un bebé” tan diminuto.
Amillia Taylor ha pasado los primeros cuatro meses de su existencia en la unidad de neonatos y cuando nació no necesitó de respiración asistida e incluso realizó varios intentos por llorar.
Un alumbramiento normal se produce entre las 37 y 40 semanas del embarazo, pero Sonja Taylor, que se había sometido a un tratamiento de fertilización “in vitro” , mostró durante su breve embarazo varias complicaciones, tales como infecciones en el cuello uterino.
Estados Unidos registra un promedio de nacimiento de 500 mil bebés prematuros cada año, aunque la mortalidad de los menores de 23 semanas alcanza el 70 por ciento.
“Puede ser que ahora necesitemos reconsiderar los estándares de viabilidad a la luz del caso de Amillia” , apuntó Smalling y recordó que durante años “la tecnología disponible para salvar la vida de los prematuros ha mejorado drásticamente”.
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