En una bodega rodeada de cañaverales bajo el incesante sol , el ron Santa Teresa se añeja dentro de barricas mediante un antiguo proceso antes reservado al jerez, que le dará un tono y un sabor cada día más buscados por los paladares entendidos. El ron venezolano tiene “un estándar alto en el Caribe” y sus “rones premium están catalogados entre los mejores rones del mundo”, afirma Néstor Ortega, maestro ronero de la hacienda Santa Teresa, en la población El Consejo (estado Aragua).

Los rones nacionales, hasta hace poco desconocidos fuera de nuestro país, ahora se beben como licores finos en bares de todo el mundo y representan la mitad del consumo mundial en la categoría ‘súper’ y ‘ultra premium’, los nichos de mercado de mayor crecimiento.

Detrás de ello está el esfuerzo conjunto de las principales fábricas de ron locales para obtener la denominación de origen “Ron de Venezuela” en 2004, y la competencia entre ellas para lograr los mejores sabores.
“Cada marca ha ido apostando por etiquetas de más alta gama, más premium, con más tiempo de añejamiento, mezclas. Cada una tiene una particularidad especial”, destaca Rosanna Di Turi, autora del libro “Ron de Venezuela”.
“Ese camino ha logrado que en Venezuela haya un repertorio de rones premium bien importante y bien significativo”, comenta Di Turi.
Pero la formación de estos rones de lujo ganadores de premios internacionales está en el origen del proceso: la melaza más dulce del mundo, sol todo el año, noches frescas y una normativa que exige un añejamiento mínimo de dos años y que los distingue a la producción venezolana de la del resto del mundo.
De los 3,6 millones de cajas de ron (una caja equivale a nueve litros) que se producen anualmente en nuestro país , según cifras del gremio, un 40% se consume dentro del Venezuela y el 60% se exporta, principalmente a España e Italia.
“Es factible que de aquí a cinco años tengamos casi el doble de exportación”, predice Ortega, rodeado de torres de barricas de esta bebida originaria de India y China que recuerda a los piratas y cuyo nombre proviene de la voz inglesa “rumbullion” que significa “gran tumulto”.
En la bodega de la hacienda Santa Teresa fabrican el prestigioso ron “1796”, que combina alcoholes de entre tres a cinco años, luego mezclados nuevamente con líquidos de otros 35 años a través del antiguo método de Solera, antes reservado al jerez o al brandy.
En el añejamiento, rones nacionales como “1796”, el “Cacique Antiguo” o el “Pampero Aniversario”, obtienen de las barricas de roble el color dorado y una mezcla de olores y sabores a madera, vainilla y almendras, despertando también los elementos frutales de la caña para darle carácter y suavidad.
“Los rones dorados desarrollan muchas características de aromas y eso buscan los consumidores en el exterior”, afirma Luis Figueroa, maestro ronero de las marcas Cacique y Pampero, que pertenecen a la inglesa Diageo, la mayor productora mundial de bebidas alcohólicas.
“Nuestros procesos no tienen nada que envidiarle a los de whisky o brandy”, agrega este especialista.
El prestigio internacional, sumado al alza de los precios de las bebidas importadas en este país amante del whisky, han recolocado también el ron en el paladar de los venezolanos como nunca antes.
“No queremos ser sustitutos del whisky, sino que el venezolano adopte la cultura del ron”, acota Ortega.

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