Recopilamos una lista de los más feos, peor diseñados y horriblemente construidos. Un camino plagado de chatarra.
En estos días, la calidad se volvió una cuestión ineludible. Hace algunos meses, Toyota debió retirar automóviles del mercado por problemas con aceleradores y frenos defectuosos. Esto golpeó la confianza pública en la capacidad de la industria automotriz para construir transportes de calidad. En su defensa, hay que reconocer que los fabricantes están construyendo los mejores productos en toda su historia. De cualquier forma, aún surgen problemas que nos hacen recordar tiempos en los que la fabricación no era tan buena, una época en la que los motores explotaban, el óxido era una plaga y los autos simplemente se partían al medio.
Chevrolet Corvair
Una pieza de 6 dólares hubiera hecho la diferencia para que el Corvair mantuviera su decoro y pudiera tomar bien las curvas a altas velocidades. La decisión de obviar la pieza se le vino en contra a Chevrolet cuando Ralph Nader destacó el asunto en su libro de 1965: “Inseguro a cualquier velocidad: Los peligros en el diseño de los autos estadounidenses”, que acusaba a los fabricantes de ahorrar en elementos de seguridad como cinturones de seguridad y poner obstáculos al gastar dinero en ese tipo de medidas. Entre otros, los problemas del Corvair incluían el riesgo de que la columna de dirección se desplazara contra el conductor en caso de choque, la calefacción liberaba emanaciones peligrosas dentro de la cabina y perdía aceite.
 


Fiat Strada
 

Se lanzaron advertencias sobre temas de servicio antes de que el Strada (conocido internacionalmente como Ritmo) fuera lanzado al mercado en 1978. Estaba condenado al óxido: el suelo, las monturas del motor y la suspensión eran susceptibles de oxidación prematura. A esto se sumaba el hecho de que era una verdadera carreta -estaba impulsado por 75 caballos-, por lo que no sorprende que el Strada haya colaborado en la caída de la marca Fiat en EEUU. Basándose en los temas de oxidación, los bufetes de abogados prácticamente echaron al fabricante italiano del mercado estadounidense. El Strada también dañó la reputación de los robots: fue el primer auto construido íntegramente por robots.

Ford Pinto

La tendencia del Pinto a explotar por colisiones traseras le hizo ganar su reputación de “barbacoa de cuatro asientos”. La ausencia de paragolpes trasero y la falta de refuerzos alrededor del tanque de combustible lo hacían proclive a pinchazos y, por lo tanto, a explosiones por impacto. En otras palabras, un raspón podía llevarte al infierno. Sus puertas pobremente reforzadas eran también un punto débil en caso de accidente. Varios bufetes jurídicos se llenaron de casos con los asuntos relativos a la seguridad del Pinto y Ford se prendió fuego cuando un memo reveló que un estudio decía que les resultaba más barato pagar las demandas por muertes ocasionadas por el Pinto que rediseñar el vehículo.
Mazda RX-2

La tecnología detrás de sus motores rotatorios (giran en círculos en lugar de los pistones que suben y bajan), usados principalmente en aviones, se estaba volviendo obsoleta en la década del 20. Aún así, Mazda decidió usarla en su RX-2 , lanzado en los setentas. El RX-2 tenía otros defectos importantes, como las elevadas emisiones de carbono, alto consumo de combustible, sellamientos débiles y sobrecalentamiento. Para resolver el problema con los anillos selladores (que dejaban que el líquido enfriador se filtrara en la cámara de combustión y el auto se volviera incontrolable), Mazda intentó que los conductores compren nuevos sellos por mil dólares, un tercio de los tres mil dólares que costaba el vehículo. En lugar de eso, muchos prefirieron apartarse del RX-2.
Plymouth Prowler

Un bólido con menos de 250 caballos no es un bólido. Este debe haber sido el mayor defecto del Plymouth Prowler, debido en parte a su caja de transmisión automática. Pero su diseño espantoso seguramente también estuvo relacionado con la desalentadora respuesta del público al Prowler. Cuando fue lanzado en 1997, la revista Business Week lo inscribió en la lista de los autos más feos de los últimos 50 años y lo describía como un gran trozo de torta sobre ruedas… el filo de su ángulo frontal… resalta sus faros aplastados, su parrilla discordante pegada en su paragolpes delantero”. Esas palabras no lo ayudaron mucho.
Trabant

La leyenda urbana dice que el Trabant, fabricado en Alemania Oriental, estaba hecho de cartón. El auto fue el más popular en su país de origen por casi 30 años y también se expandió por el resto del bloque comunista. Un motor de dos tiempos le daba todo el poder de sus 18 caballos y, aunque no estaba hecho de cartón, su armazón similar a la fibra de vidrio y los refuerzos de algodón y madera reciclados le daban una apariencia muy fílmica. La escasez de prestaciones básicas como luces de giro y y de freno no ayudaban. Para llenar el tanque de nafta tenías que levantar la capota, añadir combustible, aceite y agitar. Ese sería tu premio si aguantabas los 15 años que tomaba la espera cuando lo encargabas en la fábrica.
Triumph Stag

Problemas de enfriamiento, asuntos con la lubricación, problemas de arranque y la calidad del caucho y el metal fueron los puntos débiles del Stag. Triumph ya tenía una reputación opaca (los autos británicos nunca fueron famosos por su calidad) y eventualmente la compañía discontinuó esta cupé convertible en 1978 y dejó de existir como fabricante de autos en 1984. Pero lo que le faltaba al Stag en funcionalidad le sobraba en diseño: Era un deportivo de lujo pensado para competir con los modelos de Mercedes Benz clase SL y en ese aspecto se desempeñó bastante bien.
Chevrolet Vega

Apuntando a su lanzamiento de 1970 para los consumidores estadounidenses, el primer prototipo Vega se deshizo tras sólo 13 km en una prueba de manejo dentro de una pista de General Motors. Su motor de aluminio de 4 cilindros (apenas 90 caballos) tenía una sed de aceite insaciable y estaba inevitablemente destinado al fracaso. Si es que no se oxidaba todo antes ni se caía a pedazos, literalmente. “De hecho, mi Chevy Vega se partió al medio al atravesar las vías”, comentó un oyente del programa de radio NPR Carl Talk en su sitio web. “Toda la parte trasera se corrió hacia el frente, como un perro persiguiendo su cola”, agregó. GM esperaba ingresar en el segmento de subcompactos con el Vega, pero lo que consiguió fue un daño irreparable para la reputación del fabricante: El Vega está considerado ampliamente como uno de los causantes del ocaso de GM.
Pontiac Fiero

Las palabras Fiero y fuego están irremediablemente vinculadas y no por la razón obvia. Si, a mitad de los ochentas, eras un desafortunado propietario de este dos asientos y no eras lo suficientemente diligente para cambiar el aceite, manejabas agresivamente y ademas te quedabas sin aceite, probablemente hubieras terminado con la biela rota. El aceite solía derramarse sobre el motor y se prendía fuego. Una de las teorías de por qué el Fiero tendía al fuego apuntaba a un error del usuario: Sus conductores forzaban el vehículo y sobrecalentaban el motor. Otro era un grave descuido en el manual de usuario que decía que hacían falta tres cuartos de aceite cuando en realidad lo necesario eran 4,5.
Yugo
 

Un oyente de Car Talk escribió en el sitio web del programa: “Una vez hice una prueba de manejo con un Yugo en la que la radio se rompió, la palanca de cambios se salió y vi como se colaba la luz alrededor del marco del parabrisas”. El cubito yugoslavo se vendía por menos de cuatro mil dólares cuando llegó al mercado estadounidense en 1985. Era el cero kilómetro más barato, y de él sólo podías esperar lo que habías pagado. Una recopilación de problemas de rendimiento (no reemplazar la cinta de transmisión cada 65 km destruía el motor, por ejemplo) devino en una reseña durísima en la publicación Consumer Reports. Un editor dijo que “sería difícil de recomendar sea cual fuere su precio” y rápidamente se convirtió en el hazmerreír de los especialistas. Un chiste popular era: -¿Qué incluye el manual de usuario del Yugo? -Los horarios del colectivo.
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