Por primera vez, los científicos han encontrado pruebas convincentes de que el gigantesco agujero en la capa de ozono, producido por sustancias químicas hechas por el hombre, es cada vez menor.
Eso significa que la política de actuación del llamado ‘Protocolo de Montreal’, promulgada hace 22 años, está funcionando: La prohibición desde 1989 del uso de clorofluorocarbonos CFC (productos químicos tóxicos utilizados en aparatos de aire acondicionado y disolventes que se comen las moléculas de ozono) ha ayudado a la Tierra a recuperar parte de la capa de ozono que se había perdido.

El Agujero de ozono no es realmente un agujero, sino una región por encima de la Antártida, donde la capa de ozono (un manto de moléculas de O3 que actúa como filtro solar natural para nuestro planeta) es muy, muy fina.
Que la capa de ozono sobre la Antártida vaya recuperando de nuevo su grosor es una muy buena noticia para la vida en la Tierra. Hemos de tener en cuenta que la capa de ozono absorbe hasta un 99% de la radiación ultravioleta del sol de alta frecuencia, lo que hace que la Tierra sea habitable.
Los científicos atmosféricos han observado que los niveles de CFC que dañan la capa de ozono han descendido en la estratosfera (entre 5 y 30 kilómetros de altura en el cielo) por encima de la Antártida. Ahí es donde está el agujero de ozono y se sospecha que la caída de CFC podría corresponder a un engrosamiento de la capa de ozono, pero hasta ahora no se había podido demostrar.
El equipo de científicos medioambientales dirigido por Murry Salby de la Universidad Macquarie en Sydney, Australia, ha identificado la causa de las fluctuaciones anuales en la capa de ozono. Los cálculos del equipo revelan que el agujero de ozono es el 15% menor de lo que estaba en la década de 1990.
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