Louis Wain fue un pintor inglés de la época victoriana que logró una notable fama por sus dibujos de gatos antropomórficos. Wain empezó a dibujar felinos para entretener a su esposa, enferma de un cáncer que acabaría con su vida años después. Los gatos de Wein caminan, hablan, fuman y se ríen, y ocuparon tarjetas e ilustraciones de libros muchos años antes de que los mininos se convirtieran en mascotas caseras.

Pero los gatos de Wain empezaron a sufrir una mutación en torno a la 1910. Sus personajes dejaron de ser gatos que jugaban al golf para convertirse en criaturas inquietantes, de mirada salvaje y colores arrebatados. Por aquella época el comportamiento del artista empezó a cambiar, volviéndose errático y violento. En 1924 ingresó en una institución mental, enfermo de esquizofrenia. Según se especuló más tarde, la enfermedad pudo desencadenarse por la toxoplasmosis, una infección parasitaria contagiada por los gatos que tanto adoraba, la misma enfermedad que, por cierto, aniquiló al drogadizo Tommy en “Trainspotting”.
Los gatos de su última etapa, cuando estaba internado en un hospital en el que le permitían convivir con gatitos, ni siquiera representan gatos sino figuras fractales propias de visiones alucinatorias o lisérgicas. Los mininos juguetones de tan sólo unos años antes se convirtieron en criaturas intimidantes, una suerte de caleidoscópicas deidades hindúes, describe Richard Metzger en Dangerous Minds.

Louis Wain murió en 1939, días después del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. En vida tuvo como valedor al escritor H.G. Wells, mientras que en muerte ha sido recuperado por el cantante Nick Cave, el líder de las Malas Semillas, quien organizó una retrospectiva de los gatitos de Wain en 2009.
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