El origen de esta famosa frase, se origina en el siglo XVI, y el autor fue el conquistador español Diego de Almagro, cuando entre lamentos, comentó al emperador Carlos I, que“el negocio de defender los intereses de la Corona le había costado un ojo de la cara” y así fue literalmente.
Durante una expedición con Francisco Pizarro para hacerse con unos territorios del sur de Panamá, en el asalto al Fortín del Cacique de las Piedras, en 1524, una flecha disparada por un indígena, le alcanzó un ojo, quedando tuerto para siempre.

El descubridor de Chile dio tanta importancia a este hecho, que pronto la frase se difundió entre los soldados para designar una tarea peligrosa o algo muy complejo, manteniendo este mismo significado hasta nuestros días.

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