Jessie es un Jack Russell al que no pocas coincidencias le unen con Aron Ralston, el escalador estadounidense que se amputó el brazo para liberarse tras quedar atrapado por una roca en un desfiladero de Utah y cuya odisea plasmó Danny Boyle en la película “127 horas”. En este caso, Jessie no estaba solo.

Steve Porter, el dueño de Jessie, fue hace un par de semanas a cazar conejos con su amado perro de cuatro años de edad, concretamente al Monte Beckworth, en Victoria, Australia. En un momento dado del paseo el Jack Russell desapareció persiguiendo a un gato. Para Steve esta acción no era nada inusual ya que él y Jessie había estado por allí varias veces y el perro a menudo se alejaba persiguiendo a los animales. Sólo que esta vez su perro no volvió.
Los gemidos del animal le dieron de cara con la terrible realidad: había caído por una profunda grieta de 11 metros de profundidad y se había quedado atrapado debajo de dos dos enormes rocas, de tal manera que el perro sólo era capaz de mover sus patas delanteras y su cabeza. “Se trataba de una situación tan desesperada que la mayoría de la gente me hubiera dicho que era inútil sacarlo”, afirma Steve al rotativo australiano Herald Sun.

Pero aunque todo el mundo lo viera como un rescate imposible, increíblemente el Sr. Porter nunca se rindió y se fue a extremos extraordinarios para liberar a su perro.

Inicialmente, junto con su hijo y dos vecinos, trató de hacer palanca con un enorme tronco para ver si podían mover las rocas. Ante la imposibilidad, llamaron a las unidades de emergencia del estado de Maryborough para que arrimaran el hombro.
Entre todos y la palanca fueron capaces de mover sólo una roca que estimaron que pesaría alrededor de 20 toneladas. Gracias al espacio, Steve pudo bajar hasta el fondo con un cable. Pero aún así Jessie era inalcanzable.

El Sr. Porter lo vio claro entonces: necesitaba traer maquinaria pesada que pudiera separar las enormes rocas sin que estas terminaran de aplastar a su perro. Mientras tanto, su hijo Tom ya había comenzado a perforar la roca de granito sólido con un taladro industrial.

Así que decidieron alquilar y traer desde Melbourne unos enormes gatos hidráulicos capaces de levantar hasta 95 toneladas. Con este equipo y la ayuda de 4 operarios se dedicaron a mover suavemente la roca, a veces trabajando hasta las 2 de la madrugada, para desplazar la mole milímetro a milímetro durante 7 eternos días.
Durante ese tiempo, el dueño de Jessie sopesó todas y cada una de las noches si no sería mejor acabar con aquello recurriendo al sacrificio del animal, disparando a su perro como a los conejos a los que muchas veces habían perseguido juntos. Pero tal era su amor por el perro que siguió con la batalla contra los elementos, pues en el monte las bajas temperaturas nocturnas les pusieron incluso en riesgo de congelación.

Finalmente, después de siete días bajo tierra, 100 horas de excavación, 95 toneladas de rocas movidas y de gastar cerca de 2.000 dólares australianos en el alquiler de la maquinaria hidráulica, Jessie pudo ser alcanzado y sacado al exterior con un lazo de captura que había llevado un grupo de defensa animal local. En cuanto el perro se vio liberado, dio un salto por encima de sus salvadores y corrió en línea recta hacia el Sr. Porter, hasta encaramarse a sus brazos.

Después de pasar la noche en observación en una clínica veterinaria de Eastwood, Jessie fue dado de alta en un estado sorprendentemente bueno, teniendo en cuenta las penalidades que sufrió durante esta eterna semana; una semana donde su tenacidad por vivir, sólo comparable a la de su dueño por salvarlo, obraron este pequeño milagro.

No se asusten; a Jessie no hubo que amputarle una pata para sacarle como le ocurrió al malogrado Aron Ralston. ¡Es simplemente que la tiene doblada!
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