Desde que se instaló a vivir en París a mitad de la primera década del siglo XX, Pablo Picasso se había convertido en un autentico devorador de arte.
La Gioconda

Acudía asiduamente a diferentes exposiciones que se realizaban en la capital francesa, pero, sin lugar a dudas, uno de los espacios favoritos del genial pintor malagueño era el Museo del Louvre.

El museo había adquirido una gran popularidad gracias a las grandes obras que albergaba entre sus paredes, pero carecía de una seguridad acorde con el valor de las piezas que poseía. Prueba de ello eran los continuos hurtos que se realizaban de pequeñas obras.

Un par de esculturas robadas al Louvre fueron puestas a la venta en el mercado negro parisino y su comprador fue Picasso, que por aquel entonces tenía 30 años y estaba en plena etapa cubista.

El hueco que dejó el cuadro en el Museo

Cuando el 21 de agosto de 1911 desapareció el cuadro de La Gioconda del museo del Louvre, la policía francesa decidió investigar a todas aquellas personas que hubiesen visitado el museo en las últimas semanas. Ese hilo los condujo hasta el poeta y padre del surrealismo, Guillaume Apollinaire y de éste a Pablo Picasso, el cual era poseedor de dos esculturas que habían sido robadas al museo.

Tras las correspondientes investigaciones, se descarto que tanto el poeta como el pintor estuvieran relacionados directa o indirectamente con la desaparición del cuadro de Da Vinci.
En realidad, el robo fue llevado a cabo por Vincenzo Perugia, un ex empleado del museo de origen italiano, que aprovechó el conocimiento que tenía del lugar para entrar en el Louvre ataviado con una gabardina blanca (prenda que utilizaban los trabajadores del museo) y descolgar el cuadro más valioso que estaba expuesto: La Gioconda.
Pero a pesar de que el ejecutor fue Perugia, el autentico artífice y cerebro de la operación era Eduardo Valfierno, el cual tenía un plan perfecto para sacarle la máxima rentabilidad al robo de uno de los cuadros más famosos de la historia.
Tras la sustracción del cuadro, Valfierno se había puesto en contacto con seis coleccionistas multimillonarios a los que les ofreció el cuadro por una importante suma de dinero.
El precio acordado fueron trescientos mil dólares y dichos coleccionistas recibieron (tras el pago) el cuadro de La Gioconda. Lo que no sabían es que a los seis se les había entregado una copia falsificada del cuadro, mientras que el original continuaba en poder de Vincenzo Perugia.
Momento en que La Gioconda fue recuperada (1913)
Las autoridades francesas no pudieron dar con el cuadro hasta casi dos años y medio después del robo, cuando fue detenido el autor del mismo tras haber intentado vender la obra al director de la Galleria degli Uffizi de Florencia.
Durante el juicio, Perugia declaró que robó el cuadro porque quería que volviese a su lugar de origen y verdadera patria.

Ficha policial de Vincenzo Perugia
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