Según una tradición del grupo étnico dong, en China, cuando nace un niño se celebra la llegada de un nuevo integrante a la familia plantando un abeto. Cuando este niño se convierte en adulto, se procede a talar el árbol para construir con la madera obtenida la nueva vivienda del joven.

La relación entre la comunidad dong y el uso de la madera ha alcanzado niveles que hasta podríamos catalogar como un arte, incluyendo un puente que desde hace casi cien años, se sostiene sobre pilotes de roca sin haber utilizado ningún clavo ni ramaches.

Famosos por su habilidad para construir con madera, los puentes dong son ejemplo de un estilo arquitectónico admirable:

El puente de la Lluvia y el Viento, quizás el más emblemático, atraviesa el río Linxi y posee unos 64 metros de largo. Construido con piedras y madera incrustadas, el puente posee cinco torres y aleros, y es el epicentro de un paisaje pintoresco: los meandros del río, los árboles de té en las colinas, y los campesinos trabajando en sus campos. Casi como dentro de un mundo perdido o de cuentos, algunas de las obras maestras dong, están protegidas como patrimonio de la humanidad por la UNESCO.:

Uno de los mejores puntos para observar los pueblos tradicionales dong es en el área de Chengyang, en Guangxi y a cuatro horas de Guilin. En la zona, perduran varios pueblos (los más visitados son Ma’an, Pingzhai, Yanzhai, Chengyang Dazhai, pingpu, Pingtan, Jichang y Guandong) que pareciera que aún no se han enterado demasiado de los cambios del mundo moderno.

En su mayoría, asentados en la provincia de Guangxi, los pueblos dong no suelen ser muy numerosos: apenas unas 30 viviendas en promedio, siempre construidas en madera y con no más de dos pisos. Las tradiciones dong, han desplegado a lo largo de miles de años un modo de vida completamente sustentable, de la mano de la agricultura.

No faltan lugares de alojamiento para disfrutar de una estadía de varios días, por si alguien se ha inspirado con alguna parte (o toda) de ésta entrada.
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