Realización – Tu cintura tiene más partes para agarrar que una pared de escalada, es el momento de inscribirte en un gimnasio.

Resolución Te diriges a tu gimnasio local, logras esquivar con éxito al entrenador de Yoga taiwanés que te invita a unas clases y consigues hacer pesas.
Repetición – Te levantas cada mañana de la semana temprano y realmente haces ejercicio. Claro que duele un poco, pero piensas que significa que está funcionando.
Lamento – ¡Oh Dios, ¿qué hiciste? las únicas partes de tu cuerpo que no duelen son aquellas que no puedes sentir más.
Volver – después de un par de semanas lejos del gimnasio, llega tu primera factura y te das cuenta que definitivamente no estás consiguiendo lo que vale tu dinero.
Recaída – Empiezas a tener excusas de porque no puedes entrenar hoy. Excusas válidas como “tengo demasiado trabajo que hacer”, “ir a beber con amigos” o “literalmente cualquier otro compromiso que te puedas imaginar”.
Recordar lo maravilloso que es ser perezoso. Llamas y cancelas tu membrecía inmediatamente.
Loading...
Opt In Image
Te gustó lo que viste?
Suscríbete a nuestro Newsletter para recibir más artículos como este