El Cementerio General de Sucre, Bolivia
A menudo se dice que los muertos realmente nunca nos dejan y el Cementerio General de Sucre, en Bolivia, ilustra enormemente este hecho. Lleno con tantas historias como de restos de los fallecidos, las familias bolivianas pueden pagar hasta 10.000 dólares para que sus seres queridos puedan ocupar uno de los santuarios durante siete años. Después de ese punto, el cuerpo es retirado del santuario y son llevados al recinto del cementerio, luego de veinte años, los restos son eliminados del cementerio completamente.

 

 

Cementerio Submarino Neptuno, Florida, EE.UU.
Para aquellos que encuentran el descanso eterno bajo 2 metros de tierra demasiado común, tal vez podrían considerar el fondo del océano como su destino final. Situado junto a Key Largo, Florida, el Arrecife Conmemorativo Neptuno sirve de mausoleo bajo el agua y el arrecife más grande del mundo hecho por el hombre.

 

 

El Cementerio Alegre, Rumania
La muerte no siempre tiene que ser un asunto sombrío, sólo pregunte al artista rumano Stan Ioan Patras que diseño en la década de 1930 el Cementerio Alegre de Rumania. Este cementerio no da mucho crédito a la solemnidad y estoicismo habitual en muchos otros cementerios, en su lugar, las lápidas y epitafios son coloridos y humorísticos para conmemorar la vida de los difuntos en lugar del luto por su muerte. Algunos especulan que esta perspectiva rumana hacia la muerte se debe al hecho de que sus antepasados, los dacios, creían que el alma era inmortal y que la muerte no era más que un paso a un lugar mejor.

 

 

El cementerio de la mafia, Rusia
Incluso los mafiosos rusos altisonantes necesitan un lugar para descansar sus cabezas. Situado en Ekaterimburgo, una vez conocido en la década de 1990 como la capital del crimen de Rusia, el Cementerio Shirokorechenskoe es el lugar de descanso final para algunos de los grandes jefes de la Madre Rusia. Repleto de costosas piedras de mármol negro, grabado láser y retratos tamaño natural de los difuntos.

 

 

El Cementerio Colgante, Filipinas
El pueblo de Segada, Filipinas, en un ritual de 2.000 años de antigüedad, tallan sus propios ataúdes y una vez que mueren, colocan a los difuntos en los ataúdes hechos por sí mismo y son llevados a la cima de los acantilados para ser “enterrados” en lo alto con sus antepasados.

 

 

 

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