Con 29 años, Rafael Fellmer y su familia llevan una vida muy frugal, que les obliga a gastar casi nada de dinero. Ellos obtienen sus alimentos de los contenedores de basura de supermercados orgánicos “pagan” el alquiler de su casa haciendo cualquier tipo de tareas y utilizan un sistema de trueque para conseguir las cosas que necesitan. Sólo utilizan el dinero cuando no tienen absolutamente ninguna otra opción.

Rafael Fellmer nació en una familia alemana buena. Su padre es un arquitecto de éxito y de su madre una terapeuta de arte. Se graduó en Estudios Europeos, en La Haya, por lo que no hay duda de que podría haber conseguido un buen trabajo, si así lo deseaba. Pero hace unos años, Rafael se dio cuenta de que había cosas en este mundo mucho más importante que el dinero. Empezó poco a poco a reducir sus gastos al hacer cosas que no le exigen pagar nada. La crisis económica, la escasez mundial de alimentos y agua, el cambio climático, todo esto lo inspiro a vivir un estilo de vida frugal, y vio que dar dinero es una forma segura para un orden mundial más estable. Aunque hay quienes lo consideran un “perezoso” por no conseguir un trabajo adecuado y proveer a su familia de los contenedores de basura de supermercados, Rafael Fellmer tiene mucho respeto por parte de aquellos que comparten su punto de vista, y es considerado un líder de la vida sin dinero, además está ganando mucha popularidad en Alemania.
Para Rafael, su camino hacia una vida sin dinero comenzó hace dos años, con un viaje a México. Un amigo lo invitó a su boda que se celebraría allí, así que él y un par de amigos decidieron viajar sin gastar un centavo. Se propusieron trabajar en barcos de vela a cambio de transporte, dormir en camiones, en la calle, en las escuelas y en las estaciones de bomberos, pero después de 11 meses llegó a la frontera de Guatemala con México. Dos italianos lo habían llevado en su yate a la costa brasileña. Fellmer cocinaba, fregaba la cubierta y vigilaba durante la noche, para devolver el favor, y luego se abrió paso a través de Centroamérica, hasta llegar a México. Le pareció una experiencia tan gratificante que decidió empezar a vivir una vida sin dinero. Fue en Centroamérica donde conoció a su esposa, Nieve. Pronto quedó embarazada, por lo que el proyecto de vida-sin-dinero tuvo que ser interrumpido. Un empleado aéreo se puso en contacto en el sitio web Couch Surfing y negoció un vuelo de regreso a Alemania para la pareja, por sólo 150 euros.

De vuelta a su país de origen, Rafael decidió quedarse con sus padres hasta que pudiera encontrar un lugar donde poder pagar el alquiler a cuenta de sus servicios: vigilancia de la casa, cocina, limpieza, mantenimiento de computadoras y atención incluso de mascotas. Ahora, la familia vive en un pequeño apartamento en el sótano de una villa en Kleinmachnow, cerca de Berlín. Ellos se encargan de la jardinería y reparaciones, y sólo tiene que preocuparse por las facturas de electricidad y agua. Fellmer dice que paga muy poco, ya que sólo disponen de estos recursos cuando es absolutamente necesario. Sin embargo, la pareja admite que a veces tienen que pagar por algunas cosas con dinero en efectivo. Como cuando Nieves tenía que ver a un ginecólogo durante el embarazo, y al obtener un seguro de salud. “No somos perfectos”, dice Raphael Fellmer. “Estamos atrapados en la fábrica de dinero, sin querer.”

Sin embargo, el camino de vida de Fellmer es muy diferente a la mayoría de los demás. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, entre un tercio y la mitad de los alimentos en Europa y América termina en la basura, el 30% de los cuales se desecha sin abrir. Para Rafael esto es una completa locura y un insulto a las personas que trabajan tan duro para producir el alimento. La mayoría de los alimentos orgánicos se recuperan de los contenedores de basura de supermercados y son perfectamente comestibles. Su despensa y el “refrigerador” – un estante en el patio bajo una lona – están siempre llenos. Hace unos tres o cuatro viajes por semana, por lo general alrededor de la medianoche, equipado con una lámpara de cabeza y una mochila grande, listo “para guardar la comida de la basura.” Aunque entrar en la propiedad de supermercados se considera allanamiento en Alemania, la mayoría de las empresas no tienen problema con gente como Rafael. Algunos incluso instruyen a su personal para clasificar la basura aún comestible.

El movimiento de la vida sin dinero realmente ha ido ganando en popularidad en ciudades alemanas. Hay foros repletos de información útil, de los riesgos relacionados con el buceo en basureros y de recetas elaboradas con alimentos depuradas. Rafael Fellmer dice que la gente como él están un paso adelante y que obviamente no pueden acampar fuera de los bancos para protestar contra el sistema pero si boicotean al dejar de usar su “combustible” – el dinero.
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