Con 40 años de edad, Julia Abdullah, de Malasia, estaba obsesionada con sus rituales de auto-limpieza. Su comportamiento extraño comenzó hace 20 años, pero poco a poco se agravó hasta el punto en que ella se llego a lavar las manos hasta 300 veces al día, paso 5 horas en la ducha y lavando su cabello con champú 25 veces por día.

Julia notó por primera vez que algo andaba mal hace dos décadas. Ella trabajaba como técnico de laboratorio, y a menudo manejaba muestras de orina y heces, así como muestras de sangre para pruebas de VIH. Ella comenzó a pasar cada vez más tiempo en el baño lavando sus manos, por temor a la contaminación, y aunque sospechaba que habían desarrollado un TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo), ella no buscó ayuda. “Pensé que podía yo misma salir del problema”, recuerda Julia, pero su condición empeoró. Con el tiempo perdió su trabajo por culpa de su obsesión que la llevó a llegar siempre tarde al trabajo, y necesitaba encontrar alguna manera de pagar sus facturas por los servicios públicos que aumentaron rápidamente en la casa. En un momento llego a estar tan mal económicamente que empezó a escarbar en la basura de sus vecinos en busca de cosas que podría vender. En poco tiempo creó una colección de basura que ocupaba gran parte del apartamento de dos habitaciones que compartía con su madre. El acaparamiento puso tan mal a su madre que tuvo que dormir en el hueco de la escalera ya que no había ventilación ni luz natural en casa. “Finalmente llegó demasiado lejos como para soportarlo. Me puse tan furiosa que dejé de bañarme durante tres meses “, dijo la Sra. Julia al periódico “la Crónica de Malasia”, pero sus hábitos de limpieza obsesiva apenas se curaron.
“Llamé a la Asociación de Singapur para la Salud Mental (SAMH) en 2009. Yo estaba casi al punto del suicidio” dice Julia Abdullah, y la ayudaron a regresar a la vida y a encarrilarse. Su condición empeoró un año más tarde, después de que ella perdió algunas citas de tratamiento. Ella estaba de nuevo pasando por el TOC, gastaba dos botellas de champú y 21 pastillas de jabón por día. Estaba tan agotada que no tenía tiempo ni energía para nada más. Por suerte, los consejeros del SAMH intervinieron y ella acepto estar con el Instituto de Salud Mental, durante 22 días. Ahora Julia Abdullah dice que ha recuperado el control de su vida, pero accedió a hablar de su lucha en una exposición fotográfica denominada Picture My World, que está organizada para crear conciencia sobre la enfermedad mental.
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