10 Sesgos cognitivos que manipulan tus decisiones de todos los días sin que te des cuenta

1. El efecto de arrastre.

Manipulación 01

También conocido como efecto bandwagon, o más popularmente como “efecto de la moda”. Consiste en hacer o creer en algo porque todos alrededor nuestro lo hacen. Por ejemplo, la popularidad de un producto hace que lo veamos como más deseable.

Cómo Evitarlo: Intentando rehuir de la opinión de los demás, y sopesando toda la información que tengamos disponible

2. La heurística de la disponibilidad.

Manipulación 02

La heurística de la disponibilidad implica que sobreestimamos la información que tenemos disponible y recordamos con mayor facilidad. Es por ejemplo pensar que fumar no es algo tan dañino para la salud, ya que conocemos a un fumador que ha vivido 100 años.

Como evitarlo: hay que complementar intuición con las estadísticas.

3. La falacia del costo hundido.

Manipulación 03

La falacia del costo hundido ocurre cuando nos negamos a abandonar algo que es poco gratificante porque ya hemos invertido en ello. Algunos ejemplos de esto serían:
•Seguir en una carrera que no te gusta porque ya llegaste a la mitad.
•Perdonar a tu pareja por una infidelidad debido a todos los años que han pasado juntos
•Continuar insistiendo en un negocio que da pérdidas debido a todo el dinero que hemos invertido.

Cómo evitarlo: hay que separar la inversión emocional al momento de tomar una decisión. Aprender a superar una pérdida es difícil, pero no imposible.

4. El efecto Dunning-Krugger.

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El efecto Dunning-Krugger ocurre cuando alguien con escasa habilidad o conocimientos tiene un falso sentido de superioridad y mide su habilidad por encima de lo real. También implica el caso opuesto: individuos muy inteligentes y capaces que subestiman sus habilidades.

Cómo evitarlo: evitando tomar decisiones en base a la auto-evaluación de nuestras habilidades personales.

5. Reactancia.

Manipulación 05

La reactancia es realizar exactamente lo contrario a lo que otros nos recomiendan. Las personas que sufren de este sesgo, tienen grandes dificultades para admitir que están mal informados o equivocados.

Cómo evitarlo: hay que preguntarnos si estamos rechazando asesoramiento solo porque interviene nuestro ego.

6. El prejuicio de retrospectiva.

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Cuando algo sucede, a menudo parece tan obvio que debimos haberlo visto venir, así que modificamos el recuerdo de la opinión previa, el clásico “yo sabía que iba a pasar”. Nos parece tan obvio que hasta llegamos a pensar que lo habíamos predicho, a pesar de no ser así.

Cómo evitarlo: hay que preguntarnos qué tan probable era que ocurra el evento que acabamos de ver.

7. La Maldición del conocimiento.

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La maldición del conocimiento tiene un enunciado sencillo: mientras más sabes, peor te explicas. Suele ocurrir que las personas que sobresalen en algo, tengan problemas para ponerse en el lugar de los que saben menos. La causa principal es que cuando sabemos algo, nos cuesta muchísimo recordar ese tiempo en el que éramos totalmente ignorantes.

Cómo evitarlo: incluir buenos ejemplos al momento de la explicación.

8. El efecto de encuadre.

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El encuadre implica que una misma información puede generar diferentes conclusiones si se presenta de manera distinta. Como vemos en la imagen, es muy común encontrar este tipo de sesgo en la política, así como también en los medios.

Cómo evitarlo: escuchando con mucha atención la información que se nos está transmitiendo, para tratar de dilucidar su verdadero significado

9. El sesgo de confirmación.

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Se trata de buscar información que confirme nuestras propias creencias o hipótesis, descartando o evitando aquellos contenidos que los contradicen.

Cómo evitarlo: hay que intentar ser abierto hacia otras formas de opinión (muchas veces contradictorias) y entender que cada una tiene sus ventajas y desventajas. En todo caso, hay que considerarlas todas antes de limitarse a una sola.

10. El efecto anclaje.

Manipulación 10

Las personas damos demasiada importancia a la primera pieza de información que recibimos (llamada “ancla”, por eso las decisiones siguientes estarán condicionadas por esta. Es el ejemplo clásico es al momento de comerciar: pagamos de más por un artículo, y sin embargo lo vemos como si fuese una oferta bastante conveniente.

Cómo evitarlo: averiguando el precio original de los artículos antes de aceptar una oferta. De este modo destacaremos ser víctimas del efecto anclaje.

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