No se lancen todavía, que está claro que la idea de “hambre” o “baño” encabezarán muchas quinielas. Formularé la pregunta de otra forma: ¿Qué mensaje en palabras nos quieren comunicar las tripas al sonar?
El profesor Christian Müller, del Hospital de Cery, en Prilly, Suiza, ya se lo preguntó allá por 1984, cuando publicó su estudio titulado “Las nuevas observaciones del lenguaje orgánico del cuerpo”, en la revista Psicoterapia y Psicosomática.

Müller parafrasea un ensayo de 1918 de alguien llamado Willener, que “llega a la conclusión de que el fenómeno conocido generalmente como borborigmos (ruidos de tripas) debe considerarse como señales del cuerpo criptográficamente codificadas, por lo que podrían ser interpretadas con la ayuda de aparatos especiales
En 1918 no había de esos aparatos, por lo que la bizarra teoría fue frustrada por los defectos de las técnicas de grabación de ese momento. Pero desde 1980 lleva el profesor Muller recuperando la tesis utilizando distintos experimentos electrográficos, combinándolos con análisis cuantitativos por ordenador, siempre intentando pacientemente descubrir qué quieren decir las tripas.
Y parece que descubrió una secuencia de sonidos que pudo interpretar. Se trataba de algo así como ‘Ro … Pi … le … me … lo …’, que en inglés (las tripas hablan inglés, al parecer) sonaba a algo como “Rotten pig. Leave me alone.’ (+- maldito cerdo, déjame en paz).
Efectivamente parece que la teoría de Muller es que ese sonido inexpresivo de las tripas lo único que tienen es un sentido de liberación, como defecándose en uno mismo desde dentro, lo que no deja de tener cierta lógica. No es el primero que le ha sacado un sentido a estos ruidos, asegura Marc Abrahams, uno de los creadores de los IG Nobels, a través de Improbable Research.
Según Marc, En 1990 un tal Guy Da Silva, un psicoanalista de Montreal, publicó varios trabajos aparentemente muy en serio sobre la importancia psicoanalítica de los borborigmos, enlazándolo con la experiencia de satisfacción freudiana y dando al aparato digestivo la posibilidad de pensar y de expresarse en términos guturales.
Según Da Silva, los borborigmos pueden señalar el proceso y la adquisición de nuevos pensamientos, una especie de alarma del “momento de la verdad” que actúa sobre la fantasía o la alucinación de que somos alimentados por alguien. Quizá por eso los ruidos nos pueden salir en los momentos menos insospechados, como cuando estamos en una reunión silenciosa y se nos ilumina “nuestro momento de la verdad”, enterándose todo el mundo por el oído.
Sin embargo, lo más normal es que nos suenen cuando pensamos en comida; las tripas lo que realmente están tratando de decirnos es que gracias por acordarnos de ellas, que es el momento de meterse un bocata entre pecho y espalda para acallar sus súplicas.
Porque cuando sentimos lo que llamamos “hambre” se produce un reflejo nervioso parasimpático que prepara al estómago y los intestinos para recibir comida, aumentando las contracciones y la secreción de fluidos, lo que unido a un estómago medio lleno de aire, provoca ese rugido estomacal que todos conocemos.

Fuente: Cooking Ideas

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