Olvida lo que te enseñaron en el colegio sobre geología. Todo es una gran conspiración de los poderosos para ocultarte el mayor secreto de la humanidad: no estamos solos.

La página web El Esceptiradar nos trae un excelente análisis de una de las teorías de conspiración más delirantes que hayamos oído “La conspiración de que la tierra es hueca”.

Bajo la superficie de nuestro planeta, a unos 1500 km hacia dentro, existe otra tierra interior, con ríos, mares, atmósfera y su propio Sol. A la luz de este sol interior viven una raza de superhombres y “el Rey del Mundo”, con el que intentó contactar Hitler mientras sus ejércitos avanzaban en el frente del Este. 

Tanto en el polo norte como en el polo sur hay grandes aberturas que comunican ambas Tierras. Prueba de ello es que podemos ver la luz del sol interior reflejada en la atmósfera del exterior en forma de auroras polares.
Decenas de grandes científicos, como los astrónomos Kepler y Halley, el gran matemático Leonhard Euler o incluso físicos como Boyle, han afirmado que la Tierra sólo podía ser hueca. También famosos exploradores como Nansen o Byrd explicaron cómo, según te vas acercando a latitudes cercanas a los polos, la temperatura aumenta y se vuelve a encontrar vegetación, algo que sólo puede explicarse por el calor que emite el sol interior y se escapa por las aberturas. Y es que, si la tierra fuese maciza, como dice la “geología oficial”, la gravedad haría que apenas pudiésemos medir más de unos pocos centímetros de alto, y la Tierra sería tan masiva que atraería hacia sí a todos los cuerpos del Sistema Solar. Porque ni la Tierra, ni el Sol, ni ningún cuerpo del cosmos es macizo, como nos habían dicho, son todos “huevos”, huecos y con un sol interior.
Esto es sólo una pequeña parte de lo que defienden los promotores de una de las teorías de la conspiración más delirantes de las muchas que pululan por Internet. También dicen que Google Earth censura las entradas polares a la tierra interior, que a partir de los 8km de profundidad las cantidades de petróleo son “oceánicas”, que nunca nadie ha llegado realmente a los polos, que el casquete polar ártico no existe (como puedes ver en Google Earth) o que Hitler, 2000 científicos y un millón de alemanes se ocultaron en la tierra interior tras la segunda guerra mundial. Recuerda, este conocimiento es ALTO SECRETO, y divulgarlo puede costarte la vida.

Entrada a la Tierra interior (a Agartha)

A pesar de que los conspiradores de la Tierra Hueca hacen un número increíble de afirmaciones, no es necesario investigar -y validar o refutar- todas para saber si lo que proponen tiene sentido. Usar grandes retahílas argumentales para dar autoridad a las afirmaciones propias, y para que una posible refutación nunca parezca completa, es una falacia lógica conocida como Argumentum verbosium o Argumento por verbosidad. Apenas necesitamos conocer un par de cosas para saber si realmente hay una conspiración de la “ciencia oficial”, o si esta teoría es una tontería sin fundamento.

Su afirmación más osada, al menos a mi parecer, no es, en sí, que la Tierra sea hueca, sino que tiene un Sol en su interior. Esto es totalmente imposible porque, para que un sol -una estrella- pueda existir, necesita unos requisitos mínimos imprescindibles. Las más pequeñas pero con masa suficiente para sostener una reacción nuclear de fusión y, por tanto, brillar, son las enanas rojas. Su masa mínima es algo menos que una centésima parte de la masa de nuestro Sol. Esto, que sin contexto no dice nada, significa que la masa de la más pequeña de las enanas rojas tiene que ser la de 25.000 Tierras para que pueda brillar. Y esto no es una imposición arbitraria de los astrofísicos, es una imposición real que establecen las leyes del Universo.

Lo cierto es que hay estrellas más pequeñas que las enanas rojas como, por ejemplo, las enanas marrones. Pero son tan pequeñas que algunos, por su incapacidad de fusionar Hidrógeno-1(aunque sí fusionan deuterio), las consideran “objetos subestelares”. Incluso las más ligeras de las enanas marrones, que marcarían el -a veces difuso- umbral entre las estrellas más pequeñas y los grandes planetas gaseosos, tienen unas 13 veces más masa que Júpiter, que, a su vez, es 300 veces más masivo que la Tierra.
Esto por si sólo es más que suficiente para desmontar toda la conspiración de la Tierra Hueca, porque la masa de la Tierra es algo que cualquiera puede calcular, con algo de pericia y voluntad, en su propia casa y de manera independiente, usando el mismo experimento que uso Henry Cavendish para calcular por primera vez la densidad de la Tierra. Con este experimento también podemos calcular G, la constante de gravitación universal; una vez tienes ese dato, y sabiendo la aceleración con la que la Tierra atrae a cualquier objeto, 9,8m/s2, es fácil calcular la masa de nuestro planeta usando la ecuación gravitatoria de Newton.
Conocemos, por tanto, con gran precisión cuál es la masa de aquello que nos atrae hacia el suelo, sea eso una Tierra maciza o un sol interior, y, sabemos, también, que es miles de veces más ligero que la más pequeña y ligera de las estrellas, por lo que, al menos en este Universo, es imposible que haya un sol interior dentro de la Tierra. Esto acaba también, ya de paso, con su peregrina explicación de las auroras polares, que, aun así, tampoco es que tuviera mucho sentido. Sinceramente no entiendo muy bien por qué les parece una explicación fantasiosa que sean causadas por eyecciones solares del Sol exterior pero no que lo sean de las del Sol interior.
Pero, aunque no haya un sol dentro, ¿Es posible que la Tierra sea hueca? Aunque hay más de 6.000km entre la superficie y el centro de la Tierra, el agujero más profundo que ha hecho el hombre tiene apenas algo más de 12 kilómetros. Lo hicieron los rusos en su Pozo Superprofundo Kola, aunque abandonaron el proyecto en 1989 por lo caro y difícil que era lidiar con las elevadas temperaturas que hay a esa profundidad. Así que las evidencias sobre la estructura interna de la Tierra no pueden venir de una exploración directa. ¿Cómo sabemos su estructura entonces? ¿Por qué estamos tan seguros de que la Tierra es maciza y que tiene corteza, manto y núcleo? La estructura de la Tierra es una deducción, sí, pero una deducción respaldada en evidencias de varios campos científicos que van desde la simología a la astrofísica.
Una de las maneras más concluyentes de estudiar la estructura interna de la Tierra es analizar el comportamiento de las ondas sísmicas. Las ondas sísmicas son ondas de energía que viajan a través de la Tierra cuando esta es sometida a un movimiento brusco, ya sea un terremoto, una explosión o el choque de un meteorito. Las principales son las ondas primarias y las secundarias. Las ondas primarias son longitudinales, lo que quiere decir que comprimen y expanden la tierra en la dirección de propagación. Las ondas secundarias son transversales a la dirección de propagación. Las ondas longitudinales viajan más rápido que las transversales por lo que pueden servir para dar, con unos pocos segundos de margen, alerta sobre la llegada de un temblor destructivo.

La manera de viajar que tienen estas ondas, que podemos reflejar con los famosos sismógrafos en unos gráficos que se llaman sismogramas, nos permite estudiar y deducir la estructura interna de la Tierra. Las ondas longitudinales pueden viajar en medios sólidos y medios fluidos, mientras que las ondas transversales no pueden propagarse en estos últimos. Cada vez que hay un cambio en la estructura del material por el que se propagan las ondas, estos traen consigo reflexiones y refracciones que son los que permiten a los geofísicos deducir la estructura de la Tierra.

Ondas longitudinal (primaria) 

Ondas transversal (secundaria)

Los conspiradores aseguran que, a partir de 1.500km de profundidad, las ondas sísmicas muestran un silencio total. Esto es falso, inventado. Aunque no todos los terremotos nos permiten analizar la estructura de nuestro planeta hasta el núcleo interno, un terremoto de magnitud 6, medido a menos de 150km del epicentro es más que suficiente para observar el límite entre los núcleos externo e interno. A pesar de que no podemos bajar y ver con nuestros propios ojos cómo es la Tierra por dentro, los experimentos con sismógrafos son suficientemente claros como para determinar con absoluta certeza que nuestro planeta no está hueco. De hecho, si la Tierra fuera como proponen, habría un límite de distancia máximo en el que podrían registrarse ondas sísmicas, y una zona de sombra en la que no podríamos ver nada. Echando números, no podrían registrarse terremotos a más de unos 9.000 km del epicentro, porque las ondas sísmicas, efectivamente, no podrían transmitirse donde no hay roca.

Curiosamente, sí existen zonas de sombra sísmica tanto para las ondas primarias como para las secundarias, por culpa de la fluidez del núcleo externo. En el caso de las ondas secundarias, como no pueden propagarse en un medio fluido como el núcleo externo, a partir de unos 11.500km desaparecen para siempre. En el caso de las ondas primarias, la zona de sombra sísmica abarca un área de entre 11.500 y 15.500 km y es debida a la refracción en el núcleo. Más allá de los 15.500km vuelven a aparecer las ondas primarias, haciendo evidente que la Tierra no es hueca.

Probablemente el que ya creyese de antemano en la conspiración de la Tierra Hueca no va a cambiar de parecer ni con estos argumentos ni con ningunos. Los conspiradores tienen la costumbre de convertir cualquier prueba en contra de sus teorías en una prueba a favor. Si las leyes del universo dicen que es imposible que exista un sol interior, es que existe una conspiración de todos los astrofísicos del mundo para alterar los datos y hacer que su teoría parezca imposible. Si los sismogramas muestran sin lugar a dudas que la Tierra es maciza hasta el núcleo, es porque los geofísicos mienten para que no les retiren los fondos.
Este mecanismo de defensa de las propias ideas, independientemente de las evidencias en su contra, se conoce como disonancia cognitiva y, en mayor o menor medida, lo padecemos todos. Eso sí, parece que unos más que otros…
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