Un hombre confesándose:
Confieso que me casé…
Y el cura le contesta: Hijo mío, eso no es un pecado!!!
…y entonces por qué… me siento tan arrepentido???
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Hoy me levanté temprano, me vestí lentamente, cogí el casco y los guantes, me fui silenciosamente al garaje, arranqué la moto y procedí a sacarla del garaje.
Al salir me encontré una lluvia torrencial, toda la calle inundada y un viento helado que al menos a unos 100 km/h.
Volví a meter la moto en el garaje, puse la radio y me enteré de que el mal tiempo iba a durar todo el día.
Entré de nuevo en mi casa, me desvestí silenciosamente y me deslicé dentro de la cama.
Despacito me acurruqué contra la espalda de mi mujer, y le susurré al oído: ‘¡El tiempo afuera está horrible!’
Ella acariciándome, me contestó medio dormida:
“Ya lo sé. ¿Te puedes creer que el gilipollas de mi marido se ha ido en moto? “
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Comenzó la música, y un borracho que estaba sentado vio a una señora de negro que estaba sentada al frente suyo.
Tambaleante se aproximó y le dijo:
Hic!….Mi Negra ¿me da el placer de este baile? ‘
No! ‘
Hic!…. ¿Y por qué no? ‘
“La negra” contestó: ‘ Pues por cuatro motivos:
Primero, porque usted está borracho.
Segundo, porque esto es un velorio.
Tercero, porque el Ave María no se baila
Y cuarto, porque ‘mi negra’ será Tu Madre, YO SOY EL CURA ‘ !!!!!
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Había un hombre que trabajaba en la oficina de correos, cuyo trabajo era procesar las cartas que traían la dirección ilegible.
Un día llegó a sus manos una carta que traía escritura temblorosa y que iba dirigida a Dios, pero no tenia dirección alguna. Como esa carta no iba a ir a ningún lado, decidió abrirla para ver de qué se
trataba.
‘Querido Dios: Soy una viuda de 84 años que vive de una pequeña pensión. Ayer alguien me robó el monedero, que tenía 600 euros. Era lo que me quedaba para el mes, y ahora voy a tener que esperar hasta el mes que viene. No sé qué hacer.
El próximo domingo es Navidad y había invitado a dos amigas mías a cenar, pero sin dinero, no tendré qué ofrecerles; no tengo ni comida para mí. No tengo familia y eres todo lo que tengo, mi única esperanza. ¿Me podrías ayudar? ¡Por Favor!
Sinceramente, María. ‘
Fue tal el impacto que la carta causó al empleado postal, que éste decidió mostrarla a sus compañeros de trabajo. Todos quedaron sorprendidos, y comenzaron a buscar en sus bolsos y carteras. Al final de la tarde habían hecho una colecta de 520 euros. Los guardaron en un sobre y lo mandaron a la dirección de María.
Esa tarde, todos los empleados que cooperaron sintieron un rico calorcito en el ambiente y una sensación de satisfacción que tal vez no experimentaban desde hacía mucho tiempo, al saber lo que habían hecho por María y sus amigas.
Llegó la Navidad y se fue.
Algunos días después de la Navidad, llegó a la oficina de correos otra carta de María. La reconocieron inmediatamente por la escritura y porque iba dirigida a Dios. La abrieron y todos con curiosidad leyeron lo que decía:
‘ Querido Dios: Con lágrimas en mis ojos y con todo el agradecimiento de mi corazón te escribo estas líneas para decirte que hemos pasado, mis amigas y yo, una de las mejores Navidades de la vida. Y todo por tu maravilloso regalo. Debes saber que siempre hemos sido fieles a tu mandato y hemos guardado todos tus mandamientos, tal vez esa sea la razón de tu benevolencia con nosotras. ¡Gracias, Dios!
Por cierto, faltaban 80 euros. Seguramente se los quedaron esos hijos de la gran puta de los Correos…
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Al final de la tarde, un ginecólogo espera a su última paciente del día… que no llega.
Después de media hora de espera, supone que ya no vendrá y decide tomarse un Gin-tonic para relajarse antes de volver a casa. Se instala confortablemente en una butaca y empieza a leer un periódico.
Entonces suena el timbre de la puerta… es la paciente que llega toda sofocada y pide disculpas por el retraso.
– No tiene importancia responde el médico, mire, yo estaba tomando un gin-tonic mientras esperaba.
¿Quiere usted acompañarme y tomar algo?
– Acepto con placer responde la paciente aliviada con el sofocón que traigo…
Le sirve una copa, se sienta frente a ella y empiezan a conversar sobre temas banales…
De repente se oye un ruido de llaves en la puerta del consultorio.
El médico tiene un sobresalto, empieza a ponerse nervioso, se levanta bruscamente y dice:
¡Mi mujer! Rápido, quítese las bragas y abra las piernas.
Y es que en la vida todo es relativo…
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