Esto es parte de una entrevista al humorista Laureano Márquez.
¿No está conforme con lo que está pasando en Venezuela?
Al contrario, lo estoy. En los países desarrollados se sufre, aquí no.
Allá todo se lo toman con angustia, en serio, hasta las caricaturas.
En cambio, nuestras inconsistencias e incoherencias son parte de nuestra identidad.
Aquí uno sale en la mañana de su casa y no sabe si va a volver en la noche.
Allá un esposo le dice a su mujer: “See you to night”.
Aquí, en cambio, puesto que no sabemos si el hampa nos dejará volver, vemos a nuestra esposa con amor, antes de despedirnos de ella en la mañana le decimos, con la vista clavada en sus ojos: “Te quiero, mi reina”.
Aquí tenemos que ser creativos para sobrevivir.
Cuando llegan las 10 de la mañana un venezolano ya ha mentado madre 500 veces y eso te da adrenalina.
A uno le dan el pasaporte con errores y tu lo agradeces: “Por lo menos me lo dieron”.
Así que usted no sufre de estrés.
Para nada. Estrés lo sufre un francés, que entra a su trabajo a las 8 de la mañana y se levanta faltando 7 minutos para los 8. Como no se bañan, están en la parada a 5 para las 8 y un minuto después pasa puntualmente un autobús, que está pasando a la misma hora hace por lo menos 200 años, desde que habían carretas.
Entra a su oficina y la encuentra limpia, con los aires acondicionados funcionando, con el comedor abierto, con diferentes dietas para todos los gustos.
Si le pasa algo, lo llevan a un hospital que funciona.
Y cuando envejecen lo llevan a un geriátrico instalado en un antiguo monasterio románico, desde el cual se ven los atardeceres con sus 128 tonos de anaranjados difusos en degradé, lo cual induce a un estado místico.
¿Y cómo mueren? Suicidándose. Sufren un estrés que llaman positivo: se estresan porque no tienen estrés.
Acabo de ver las estadísticas de Bélgica y su primera causa de muerte es el suicidio.
“¡Belga!” dije yo cuando me enteré.
Aquí, en cambio.-Nadie se suicida. Claro, aquí nadie quiere perderse el final de esta vaina.
“Nuestra creatividad nos hará dueños del mundo, como Pinky y Cerebro”, Se solaza Laureano Márquez, avizorando ese día futuro en que nuestra proverbial viveza tome el mando de todas las palancas del poder universal, tal como lo aspiran los famosos personajes de la comiquita.
“Tenemos todo a nuestro favor” analiza él.
“Para un inglés, un semáforo es algo simple.
El rojo significa stop y el verde go. Ellos pueden ver que por la vía contraria viene un tren a 380 kilómetros por hora, pero si la luz está en verde, ellos pasan, confiados en que el tren se parará.
Ellos no ven el entorno, sólo ven la señal.
Allá nadie mira a nadie, aquí en Venezuela no. Uno no ve la señal sino el entorno.
Aquí vemos directo a la cara del tipo que está tras el volante del carro al otro lado del semáforo en rojo, nos introducimos en las intenciones de su alma y llegamos a la conclusión: Ese c… de m… se la va a comer.
Y entonces los dos nos comemos la luz.
Cuando un inglés dice que te verá a las 8 o’clock es a las 8 en punto.
Aquí en este país no, aquí tenemos una puntualidad virtual.
Vamos a vernos a golpe de 9?, dice uno y el otro ya sabe que eso incluye un lapso entre las 8 y un minuto y las 9 y 59.
La puntualidad del inglés es algo de gente enferma. Normales somos nosotros.
Tenemos que comprender esto para lograr grandes éxitos históricos. Aquí somos desobedientes frente a la ley, somos contradictorios.
Pero todo esto existe en medio de un gran fervor por la vida. Porque cuando la gente es feliz, como nosotros, lo demás viene por añadidura”.
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