Uno de los mayores placeres de la vida es viajar a diferentes países, conocer gente, aprender idiomas, comer distintas comidas, escuchar música variada, es decir, conocer culturas diferentes.
Sin embargo, algunas de las cosas “diferentes” con las que nos podemos sentir incómodos, es con la diversidad de baños y experiencias de aseo que pueden surgir en los viajes.
Ir al baño es una necesidad inevitable y casi siempre ocurre cuando estamos lejos de la comodidad del hotel. Les presentamos cinco formas diferentes de orinar en lavabos públicos en varios lugares del mundo.
En público (versión higiénica) – Ámsterdam
Los holandeses son famosos por ser pragmáticos y por no andarse por las ramas a la hora de buscar soluciones prácticas a problemas en la sociedad, sean esas soluciones ortodoxas o no.
Es así como hace algunas décadas se empezaron a instalar en varias zonas del centro de Ámsterdam urinarios públicos al aire libre. De esta forma se intentó evitar que los ciudadanos orinasen en las estrechas calles del casco antiguo, especialmente en el Barrio Rojo.

Las versiones antiguas eran metálicas y los desechos iban a parar directamente a los canales. Con el tiempo, la técnica se ha ido perfeccionando y actualmente la mayoría de urinarios públicos de Ámsterdam son plásticos y cuentan con sistemas de drenajes conectados a las alcantarillas de la ciudad.
Obviamente el sistema resultó ser un éxito y este tipo de “establecimientos” se cuentan por cientos en el centro de la ciudad.
En público (versión anti-higiénica) – India y China
En Asia también encontramos urinarios públicos que en cierta manera se asemejan a los de Ámsterdam salvo por dos características primordiales.
La primera es que los urinarios públicos de Ámsterdam están hechos de metal o plástico duro, mientras que los de la India y China son normalmente de obra en ladrillo y azulejos, que permite algo de (pero no demasiada) privacidad.
La otra diferencia, más importante si cabe, radica en la frecuencia en la limpieza de ambas instalaciones. Mientras que las de Ámsterdam son desinfectadas constantemente, las de Asia huelen como si no hubiesen visto jabón en su vida.
En tu propio (y tecnológico) cubículo – París
Los verás a lo largo y ancho de la Ciudad de la Luz, estos modernos cubículos te permiten hacer tus necesidades fisiológicas relajadamente, en infraestructuras modernas y con posibilidad de lavarte las manos después de acabar.
Los cubículos parisinos, a diferencia de otros existentes en distintas ciudades, son gratuitos, se desinfectan tras cada uso y permiten estancias de hasta veinte minutos, por si orinar no es la única cosa que necesitemos en ese momento.
Bajo tierra – Londres
Londres fue discutiblemente la primera ciudad del mundo en tener baños públicos, de hecho la El Acta de Salud Pública de 1848 recogía la necesidad de ofrecer “servicios públicos como medio de mejorar la sanidad” de la Gran Bretaña victoriana.
El primer baño público callejero de Londres de instaló en febrero de 1852 en Fleet Street, le siguieron los de Bedford street, los primeros con cuarto de baño para damas.
Con los años, las instalaciones públicas en Londres se multiplicaron y actualmente es una de las ciudades Europeas en la que es más fácil liberar la vejiga fuera del hotel.
Sentado – Alemania, Centroeuropa y Japón
Este es un caso de “cómo” más que de “dónde”… En muchos países, incluyendo el centro de Europa o Japón, orinar de pie es considerado de mala educación. Muchos servicios tienen carteles en los que te piden que por favor te sientes para miccionar.
Mear sentado tiene algunas ventajas. Tienes las manos libres para jugar con el móvil o ipad o leer un libro, si estás borracho no tienes que preocuparte de la puntería y la persona que limpia los retretes te lo agradecerá.
Las desventajas están relacionadas con el tiempo que tardas y con la posibilidad de entrar en contacto con la superficie de la taza.
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