Si uno nace grillo en China y por azar termina dedicándose a las peleas, debe saber que pasará gran parte de su vida recluido en una pequeña urna de barro, que alguien abrirá ocasionalmente para soliviantarle con un palito, hasta que llegue el momento de probar su bravura en el ‘ring’.

La milenaria práctica de las peleas de grillos pervive en una China moderna e industrializada que persigue a las mafias dedicadas al negocio de las apuestas en los enfrentamientos entre estos cantarines insectos, fáciles de adquirir en los mercados de animales.

Las apuestas en estas pugnas entre apacibles insectos, que pueden resultar extremadamente agresivos si se les provoca y que suelen celebrarse desde principios del verano hasta finales invierno, están prohibidas en China desde agosto de 2004.

A pesar de que el Gobierno del gigante asiático controla celosamente cualquier actividad relacionada con el juego, es sencillo encontrar mercados de animales en los que se venden grillos de pelea, que posteriormente serán objeto de apuestas.
El carácter peleón del grillo

Basta con pasar por el mercado de las calles Xizhang y Dongtai, en Shanghái, para encontrar decenas de puestos dedicados a la comercialización de grillos, que los vendedores guardan en bolas de mimbre o tazas de barro.

Si un comprador se interesa por un grillo en concreto, el tendero destapa la caja en la que descansa el bicho sobre algo de arena y molesta al animalillo con una ramita, con la perversa intención de que el minúsculo púgil responda enojado y muestre el ímpetu y la agresividad de un campeón.

Incluso hay quienes recorren largas distancias para comprar un grillo campeón, pues los aficionados consideran importante la procedencia del insecto.

Cuando llegue la pelea, en un pequeño “coliseo” de unos 20 centímetros de diámetro, enfrentarán a dos de estas bestias del tamaño de una falange hasta que una de las dos salga derrotada, para júbilo de algunos y decepción de otros, en función de a qué bicho hubieran jugado su dinero.
Símbolo de buena fortuna
Las peleas de grillos en una actividad que se remonta cientos, si no miles, de años en la historia del gigante asiático, donde los insectos siempre han gozado de buena consideración.

Además de protagonizar numerosos proverbios populares y poemas chinos, la capacidad procreadora de grillos y saltamontes se interpretaba como símbolo de buena suerte y de fertilidad, tan apreciada en la antigua cultura china, utilizándose a menudo estos animales como afrodisíacos.
Fue durante la dinastía Tang (618-907 d.C.) cuando los chinos, incluidas las clases dirigentes, comenzaron a coleccionar insectos por la simple belleza de su canto.

Así pues, parece que, a pesar de que el Gobierno censure las apuestas, la sociedad china tolera y disfruta de estos minúsculos combates de “lucha libre” entre insectos y no hay muestras de que esta peculiar afición esté en peligro de extinción.
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