En una cárcel brasileña en particular, los presos al pedalear en bicicletas estáticas, que pueden reducir su condena, generar electricidad y también ponerse en forma.

La penitenciaría de mediana seguridad de Santa Rita do Sapucaí, una ciudad cordillera cerca de dos horas al norte de Sao Paulo, ha ocupado recientemente los titulares por su controvertido programa de reducción de pena. Ideado por el juez de la localidad, José Henrique Mallmann, quien dijo que se inspiró en una noticia que leyó en Internet acerca de los gimnasios en los Estados Unidos, donde las personas generan electricidad por andar en bicicleta estacionaria, este programa de dos meses tiene la finalidad de copiar la idea para que los presos se ejerciten y al mismo tiempo reducen su estancia en la cárcel. Por cada tres días de ocho horas a en las bicicletas, los delincuentes tienen un día de pena menos. Es una oferta muy buena, pero al igual que otros programas recientemente implementados en las cárceles brasileñas, este ha desatado la polémica en todo el país sudamericano.
“Estábamos acostumbrados a pasar todo el día encerrados en nuestras celdas, sólo veíamos el sol dos horas al día”, dijo Ronaldo Da Silva, preso en la cárcel de Santa Rita do Sapucaí. “Ahora estamos al aire fresco, generando electricidad para la ciudad y al mismo tiempo, estamos ganando nuestra libertad.” Él ya ha conseguido reducir 20 días de su condena y perdido 9 kilos en el proceso. Los ocho participantes en el programa rápidamente comenzar a trabajar en las bicicletas estáticas, la producción de energía hace que pedalear sea algo muy duro, pero el aire fresco de la montaña hace que sea soportable.
Casi todos los habitantes en Santa Rita do Sapucaí echaron una mano para hacer posible este programa. La policía municipal ha contribuido con las bicicletas que eran del departamento de objetos perdidos y encontrados, los ingenieros las convirtieron en bicicletas estáticas y las engancharon a las baterías de energía que fueron donadas por empresas locales, mientras que otras empresas ayudaron con el convertidor que transforma la energía de la batería en los 110 voltios necesarios para poder encender 10 farolas a lo largo de un paseo junto al río. Cada noche, un guardia lleva la batería de la cárcel para el paseo, la engancha en el convertidor y en tan sólo unos momentos, las farolas empiezan a encenderse. Por la mañana, la batería es llevada de vuelta a la cárcel para ser recargada.
“Es una situación ganar-ganar”, dijo Gilson Rafael Silva, director de la prisión. Sin embargo, aunque algunas personas disfrutan de esta idea no todos están de acuerdo en que las bicicletas por la libertad sea una buena idea. “La gente dice que estamos convirtiendo las cárceles en una especie de hotel de lujo”, dijo Silva. “Pero este es el único hotel que conozco en el que nadie quiere quedarse”.

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